A tu perfección ascienden mis ojos
dados como están a tales vastedades
a la embriagues de tus mástiles espesos
cual muros del alba.
Como es que celebran la majestuosidad entre la gris pobreza del entorno
ceremoniosos y prudentes se demoran ante el lenguaje que en ti se purifica.
Son solo dos candiles de largas tibiezas que buscan los recodos transparentes y vagan extraviados hacia la primitiva plenitud.
Un desquiciado cause de secretos tiembla en tu signo y delira, y presiento el hálito que te desnuda junto al hontanar inexorable de la soledad sin que un vestigio sea ya ceniza.
Un poco más, y el caudal de tus encantos me atrapa

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